Hagamos un acuerdo: perdonémonos siempre y procuremos que el otro sepa que no solo está en nuestra sangre. No importa cuán cursi suene y qué tan irreal parezca. Perdonar es liberarse y abrigar al amor.
Ser hermanos es tan arbitrario cómo vivir. Ninguno pidió estar aquí ni compartir; ninguno sabía a qué genios, estados de ánimo ni manías se enfrentaría; pero la maravilla de la infancia y la espontaneidad que nos regala, nos facilitó comprender, negociar y querer. De golpe en golpe y pelea tras pelea, alcanzamos la adultez. Y esa madurez nos trajo la simpatía, la complicidad y el apoyo.
Hagamos este acuerdo: resguardémonos de la distancia y el frío de la lejanía. Quitémonos la máscara del orgullo que oculta la incapacidad para asumir errores y pasar la página. Regalémonos la maravilla de ser incondicionalmente hermanos hasta el final de los días. Derrotemos la soberbia y apostémosle a la sinceridad con nobleza, al carácter con sencillez.
Finalmente, la madurez no es más que darle valor a las dulces pequeñeces, proteger a la familia y aprender a perdonar. Entre más maduros somos, más valoramos las risas de niños, los miedos infantiles, las rabietas vividas y la personalidad que todos esos momentos nos han dejado.
Hagamos un homenaje al amor cotidiano, irrompible y eterno. Que sea un trato.
Por: Hope Fonts
Escritos del mismo autor: Viaje a la nada, De que las hay, las hay, FARC sin la A, un nuevo paso, El secreto de José Asunción, Un café para el alma, Ella. Sala de espera,una reseña. Carta abierta a Álvaro Uribe Vélez, Extraordinaria desnudez.
Hermosa reflexión!!!
Amo a mis hermanos.
Tambien yo amo a mis hermanos de sangre y mis hermanos del corazón.
Que lindo mensaje, todo comienza en casa .YO también amo amis hermanas.