El libro de Carol Ann Figueroa de la editorial Malpensante, es una oportunidad para visualizar la enfermedad terminal, más allá de la dimensión técnica y personal que vive el paciente.

“Yo creo que morir es una sensación que hay que vivir”* dice una canción de Fito Páez. No hay certeza de que todos los seres humanos podamos vivir esa sensación; pero después de leer a Carol Ann Figueroa, se comprende que el concepto de muerte es para muchos enfermos terminales, una gran sala de espera que no solo los acoge a ellos, sino a sus familiares y a los profesionales de la salud que los acompañan.

Este es quizás el primer mensaje que nos queda a sus lectores después de caminar de la mano de su autora por sucesos que van desde la perplejidad y el dolor, pasando por la tramitología institucional y el cambio abrupto del estilo de vida, hasta los sentimientos de resignación y amor, que sirven como paliativos en momentos en los que parece que ya todo está perdido.

Realizar un documental sobre el sistema de salud colombiano, no solo representa una enorme tela en la que hay mucho para cortar, sino un reto ético para sus realizadores. Encontrar un protagonista que viva las peripecias de un enfermo terminal en Colombia, sin caer en el lado oscuro (o para el caso: amarillo) de la fuerza, y que al mismo tiempo evidencie los matices de su realidad, fue el empeño de la guionista en dos años y 125 páginas.

Y en ese recorrido sus lectores no solo nos conectamos con cada historia que va encontrando en el camino, sino que ampliamos la visión de la enfermedad y rescatamos el dolor del cuidador; un ser totalmente olvidado por la enfermedad, por el sistema de salud y por el entorno. Un ser humano convertido en una sombra que carga en su espalda el dolor de su familiar y el choque psicológico que implica hacer largas filas para obtener citas y medicamentos durante meses y años, dejar a un lado un gran porcentaje de su vida para prolongar la vida de su familiar, pelear con el sistema de salud, llevar un luto eterno que mata algo en su interior.

Tantos seres invisibles que se hacen visibles en este detrás de cámaras, nos acercan y nos hacen conscientes de la lucha diaria que vive un grupo de gente en nuestro país. Pero sobre todo, deja entrever que la esperanza es un aliciente en medio de la tormenta diaria que viven los protagonistas de estas historias. El libro (haciendo honor a su título) nos enseña que para muchas personas, la muerte es en realidad una gran e incierta sala de espera.

 

Por: Hope Fonts

 

Escritos del mismo autor:  Viaje a la nada, De que las hay, las hay, FARC sin la A, un nuevo paso, El secreto de José Asunción, Un café para el alma, EllaExtraordinaria desnudez.