Senador:

Le escribe una ciudadana profundamente decepcionada por el desgaste político que vivimos y por la lluvia de injurias, groserías y partidismo, que incrementa todos los días. Le escribo porque quizás, como miles de colombianos, tengo un cansancio de creer en la democracia pese a la democracia. La desesperanza se apodera de mí, y no quisiera caer en el juego de mirar hacia otro lado (como lo hacen muchos) cuando de lo público se trata, porque: «esto nunca va a cambiar» porque: «son los mismos con las mismas». Quiero creer que hay cambios que se pueden dar.

Por eso lo invito a autocuestionarse en su papel como líder político: ¿alguna vez se ha dado cuenta de que ha obrado mal o de que ha preferido mirar a otro lado? ¿Es consciente de lo que significa ser un servidor público y la responsabilidad que conlleva?

Nadie es perfecto y tampoco pretendo que usted lo sea. Pero con el respeto a la Ley bastaría para evitar equivocaciones. Como decía Jaime Garzón citando a la comunidad Wayuú: “Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona, aunque piense y diga diferente”. Una premisa tan sencilla que se llevó Jaime a la tumba, porque irónicamente algunos ven en la diferencia, todo lo contrario.

La muerte se llevó a Jaime Garzón y a muchos otros, porque pensaron y dijeron diferente. Casi que se puede decir que Daniel Samper Ospina ha sido afortunado; porque la muerte que lo persigue por estos días, solo lo ha hecho para llevarse su honra, su autoestima y su credibilidad. Y aún con todo lo que ha pasado, ni usted ni muchos de sus seguidores, han tomado en cuenta que no se puede medir de la misma forma a un líder político (responsable de hacer respetar la constitución y los derechos) y a un periodista (responsable de investigar, difundir y generar opinión).

No es escudar la difamación en la libertad de prensa. Es saber debatir con argumentos sin desviar la atención. Un líder político de su categoría, que mueve a todo un ejército de colombianos, podría plantearse dar el ejemplo del respeto a la dignidad del otro.  ¿Usted cree que ese respeto puede hacerse realidad? ¿cree que lo aplica? Cuestiónese senador. Lo invito a hacer una introspección y a darse la oportunidad de corregir, de cambiar de opinión, de reconocer por primera vez algo en la vida.

Podría reconocer en principio que usted ya no es presidente. Pregúntese por qué insiste en quererlo ser, ¿de dónde viene esa ambición de poder? Pregúntese si promocionó el “no” en el plebiscito con argumentos propios sacados de las páginas de los acuerdos. Indague en su interior si alguna vez ha actuado con ética y ha manifestado su desacuerdo sin denigrar a otros.

Señor expresidente: ¿cree que su proceder es coherente con un país democrático? ¿opina que es correcto que sus seguidores deseen la muerte a sus contradictores o lancen amenazas que se escudan con perfiles falsos? Por favor, cuestiónese. Al menos formúlese las preguntas. Eso ya sería un avance.

Plantéese (nunca es tarde para hacerlo) la posibilidad de enmendar un poco todo el daño que han hecho eventos como la “Yidispolítica”, Agro Ingreso Seguro, las chuzadas y los falsos positivos. Dese y denos la oportunidad de creer que puede ser usted un político abierto al debate, a la crítica sin insultos y sin bloqueos de Twitter. Un líder que haga un llamado para que sus seguidores argumenten con altura y sin insultos.

Usted podría poner punto final a los arrebatos de sus líderes políticos que insultan a la gente cuando exige sus derechos y también a los fanáticos que lo han endiosado y se atreven a decir que votan por el que usted les diga. ¿No le parece triste tener seguidores ciegos que en lugar de aportarle y construir con usted, lo apoyen tajantemente en sus desaciertos? A la larga, dichos seguidores no son más que una carga que le hace barra, pero no le permite avanzar.

Senador, tiene en sus manos una enorme responsabilidad política: la de corregir el camino y guiar a sus seguidores por la senda de la ciudadanía empoderada. Sea el líder que se nutre de los que expresan su desacuerdo, y deje un mensaje a las nuevas generaciones; transmita que al menos, al final de su vida, aplicó el articulito de los Wayuú y dejó pensar y decir diferente.

Atentamente:

Una colombiana.

 

Por: Hope Fonts

Escritos del mismo autor:  Viaje a la nada, De que las hay, las hay, FARC sin la A, un nuevo paso, El secreto de José Asunción, Un café para el alma, Ella. Sala de espera. una reseña. Extraordinaria desnudez.