Una dedicatoria a Bogotá, la ciudad de muchos y de ninguno, que según este texto está construida a partir de retazos.

Camino por el tiempo.

Dejo atrás los sombreros de copa, el tranvía y el periódico bajo el brazo. Me queda el paraguas, la simetría entre chapuzones y soles.

Alguna vez vi cachacos… Me quedó el eco de su elegancia, el susurro del “ala carachas” entre el aroma del chocolate caliente y la almojábana.

Siento nostalgia del frío.

Me queda la colcha de retazos; algunos finos y sutiles, otros cosidos burdamente con añoranza de otra tierra. Somos un tejido.

Nos queda la nueva Bogotá. Estamos unidos por un hilo. Somos la suma de historias.

Es hora de amarnos como somos.

 

 

Por: Hope Fonts

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