Primero: debo comenzar diciendo que el término chupamedias tiene equivalentes como: lameculos, jalabolas y lagarto.

Segundo: como parte del marco histórico del término, vale la pena aclarar que siempre ha existido en todas las culturas donde ha habido un rey de la manada, un líder o un mandalaparada. Siempre ha existido ese ser pegajoso cuya baba va dejando a su paso, que escupe adulaciones sin cesar y sabe moverse como en un juego de ajedrez para estar al lado del ganador.

Entrando en materia y con las aclaraciones iniciales, ya el lector habrá identificado (al menos superficialmente) a alguno de estos seres en su trabajo o clase. Uno podría pensar que su existencia no afecta a nadie, pues finalmente es un parásito que no aporta, solo se acomoda y en teoría no tendría por qué afectar el rol que otras personas jueguen en el grupo, pero la situación es más profunda de lo que parece.

El chupamedias no solo chorrea baba y apoya al ganador. Este personaje asume el rol de sapo. Entiéndase este último como el chisme fresco que anda diciéndole a su jefe todo lo que hacen y dejan de hacer los demás para ganar su confianza e indulgencia. Es en este punto en que el chupamedias empieza a influir en lo que hacen los demás: se vuelve intermediario, opina en temas que no conoce, participa locamente en todas las reuniones que sean o no de su incumbencia, genera cizaña para sacar a los que no lo quieren e incluye en los equipos de trabajo a sus amigos o amigas. Es decir: toma el control silenciosamente, a punta de «nadadito de perro».

Cuando uno se da cuenta, resulta que el trabajo de todos debe ser aprobado por el chupamedias (así no tenga la idoneidad para decidir si está bien o mal) y todo el mundo termina siguiendo su juego: todos se convierten sin querer en el chupamedias del chupamedias; pues es el camino seguro para quedar bien con el jefe y mantenerse. Las personas terminan envueltas en un círculo vicioso de mediocridad en el que solo importa hacer los comentarios apropiados para no incomodar, no diferir con los puntos de vista del jefe y su chupamedias, reírse de chistes estúpidos, asistir a reuniones innecesarias y hasta gastar para quedar bien. El equipo de trabajo es reducido a un grupo de subordinados que hace lo que le dicen sin mediar palabra y baja la cabeza cuando es criticado y ridiculizado por temas profesionales o triviales. El profesionalismo es lo de menos.

¿Y cuándo pasó eso? no nos dimos cuenta. El chupamedias no pasaba de ser eso: el ser meloso de chistes pendejos que tenía un perfil medianamente aplicable para su rol. Ahora es el jefe de todos. Ahora es el jefe del jefe y nadie se dio cuenta. Cuando por fin somos conscientes de que hemos sido eliminados del juego, ya es tarde y ya no podemos hacer nada.

Por eso ¡pilas! aprenda a identificar al lameculos y nunca pero nunca lo subestime, porque puede ser eliminado en las primeras temporadas cual House of Cards. Aprenda a jugar su juego y nunca negocie su profesionalismo ni su rol. Pero lo más importante: de ser vencido muera con dignidad y honor como la grandiosa Lady Olenna de Game of Thrones. Es preferible perder con dignidad que mantenerse con mediocridad.

Por: Hope Fonts

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