Hacemos parte como todos los seres humanos de una lengua viva, una lengua que se va transformando con el tiempo y con las circunstancias históricas. Es por esta razón que puristas del lenguaje han debido soportar la inmersión de extranjerismos como «hardware», «software», «tuitear», «hacker», «wifi» y un largo etcétera de palabras que han sido incluidas en nuestra lengua por dos razones, la primera: porque el contexto digital y la constante interacción que tenemos con términos que describen lo que necesitamos, ha hecho que palabras como estas se instalen de forma permanente en nuestro vocabulario. La segunda: porque nos guste o no, la lengua inglesa es la madre de la informática y por ende toda su terminología proviene de ella.

La actualización constante de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) demuestra que, contrario a lo que opinan muchas personas, no es una vieja academia cuyas canas impiden la evolución de la lengua desde el otro lado del océano. La RAE ha demostrado que está vigente y en constante escucha de la evolución que tiene el idioma sobre todo en Latinoamérica, donde se encuentra la mayor parte de la población hablante de español en el mundo. En este orden de ideas podemos encontrar muchos americanismos como: «despelote», «amigovio», «feminicidio», «papichulo» o «espanglish». La RAE se ha puesto a tono con lo que está pasando, con la forma en la que va cambiando el mundo y con quienes lo habitamos. Por eso resulta precipitado juzgar a quienes estudian la gramática por no ceder ciegamente al lenguaje incluyente o no sexista que vienen proponiendo hace años las feministas.

Sobre este tema es importante comprender que el lenguaje sí contribuye a la construcción de realidades, a la permanencia de estereotipos, a la condición del pensamiento y a la visión del mundo que tienen sus hablantes. Si bien su surgimiento ha sido arbitrario (no tiene nada que ver la forma y la función de una silla con la palabra que la determina) sí ha evolucionado de forma androcéntrica -precisamente por la posición histórica de los hombres en la sociedad- pero se ha ido transformando semánticamente desde la cotidianidad para incluir a todas las personas. Esta transformación ha sido implícita y se ha dado gracias a las luchas y los logros sociales de las mujeres en el mundo.

Ahora que se ha hecho explícita la importancia de contribuir desde el lenguaje a la equidad de género, se hace necesario armonizar las expresiones no sexistas con la economía del lenguaje y la comprensión de los textos, de tal forma que nos podamos comunicar de una manera fluida, contribuyendo desde las palabras a visibilizar la riqueza de la humanidad, sin agotar a quien lee o escucha, con textos que rayan en lo absurdo, como este: “Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal o Fiscala General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional»*.

Ese desgaste idiomático, que parece que estuviera cantinfleando el idioma (cantinflear es un término aceptado por la RAE) ¿realmente se ve reflejado en acciones reales y concretas para garantizar los derechos de las mujeres? el lenguaje no sexista debe estar anclado en campañas fuertes para evitar los feminicidios, la violencia y la discriminación. Porque de nada nos sirve que la sociedad adopte un lenguaje no sexista, mientras nos siguen ninguneando en los trabajos o nos siguen cosificando. La promoción de los derechos de las mujeres y en general de la equidad, debe ser un trabajo paralelo para evitar quedarnos en un mero discurso sin eco. Algunos, como Héctor Abad, dirían que es más importante luchar por erradicar la violación sexual que por modificar un titular para que diga: «Cadena perpetua para violadores de niñas y niños».

Teniendo clara la importancia de la coherencia entre el decir y el hacer, la armonización del lenguaje no sexista debe empezar por la visibilización de los cargos o posiciones que ejercen las mujeres en el mundo. Por ejemplo, no es lo mismo decir: «presidente» que «presidenta». El cambio de esa vocal le da un lugar a la mujer que logró ocupar ese cargo, después de que por muchos años solo fueran hombres los que lo ocuparan. Desde el lenguaje se visibiliza a quién está liderando los caminos por ejemplo de un país, sin empobrecer la lengua ni la comunicación. Como dice la Guía para el uso incluyente del lenguaje: «Utilizar el lenguaje incluyente no debe entenderse como agregar «os/as» en las palabras. Esto va mucho más allá. Implica reconocer la riqueza del idioma español, buscando términos y conceptos neutros que «incluyan» a mujeres y hombres»**. El lenguaje no sexista no puede convertirse en un paradigma de degeneración del feminismo en totalitarismo judicial, por medio del cual se impone la duplicación sistemática de todo sustantivo masculino genérico, o en obligar a las ramas del poder público a tener un número determinado de cuotas femeninas por el hecho de ser mujeres y no con base en que mujeres y hombres debemos estar en igualdad de condiciones para acceder a un cargo.

En este orden de ideas se propone desde el lenguaje no sexista, empezar a incorporar genéricos reales y nombres colectivos como: «ciudadanía», «amistades», «personas»; para reemplazar términos como: «ciudadanos», «amigos», «hombres». Con ninguno de los términos atropellamos la gramática ni entorpecemos la comunicación. De la misma forma se puede recurrir al uso de gerundios, el uso de «quien» o «cual», sustituir el uso de «uno» por «alguien», «cualquiera», «una persona»; pero sobre todo y más allá de apostarle a expresiones neutras o incluyentes, el lenguaje debe modificarse desde el trato: evitar nombrar a las mujeres de forma que se entienda que son inferiores o pertenecen a alguien. Por ejemplo: «el señor acudió con su mujer». O usar las típicas de expresiones: «llora como una niña» o «conduce como vieja». Estas modificaciones en el lenguaje son tan importantes como decir: «trabajando como negro para ganar como blanco», la carga racista que tiene la expresión contribuye como las anteriores, a reproducir estereotipos y a minimizar inconscientemente a algunas personas de la sociedad.

Ahora, es importante aclarar que el uso del lenguaje no depende de decisiones judiciales ni académicas. Se ha dicho en el principio de este texto que hacemos parte de una lengua viva y evolutiva que se transforma gracias a sus hablantes, sus necesidades y su contexto. Si el lenguaje no sexista cala en la consciencia y no afecta la elisión del lenguaje (la fuerza que existe en los idiomas, mediante la cual las personas tratan de hablar lo más económicamente posible), seguramente prosperará; pero si nos dedicamos solo a doblar las palabras sin un mensaje de fondo, como dice Mario Jursich: este tipo de lenguaje no calará, porque la dinámica de la lengua busca abreviar no alargar.

La invitación entonces es a trabajar por armonizar el lenguaje no sexista con la dinámica de la economía del lenguaje, la fluidez de la comunicación y la consciencia de las personas. Solo si se piensa en conjunto se logrará una verdadera comprensión de la otredad.

 

Por: Hope Fonts

*Artículo 41 de la Carta Política venezolana
** Guía para el uso incluyente del lenguaje 
Escritos del mismo autor:  Viaje a la nada, De que las hay, las hay, FARC sin la A, un nuevo paso, El secreto de José Asunción, Un café para el alma, Ella. Sala de espera,una reseña. Carta abierta a Álvaro Uribe Vélez, Extraordinaria desnudez. A mis hermanos. Mi Ricardo Silva personal. Esperanza. El Secreto de las mujeres hogareñas. Internet, nuestra propia burbuja personalLos tiempos de los chupamediasUn homenaje a mi «agüelita».